Entrevistada: Lcda. Josheymar K. Salinas Gómez

¿En niños de que edad se suele ver esta conducta?

            Suele aparecer aproximadamente entre los 2 a los 3 años de edad, generalmente asociado a las situaciones de ansiedad, cansancio, aburrimiento y estrés.

            Si el niño es sano, juega, comparte, estudia, socializa, come, duerme bien, y parece estar contento con su vida, es probable que se trate de una mala costumbre pasajera, en este caso es mejor no interferir tan drásticamente y esperar que se le pase esta fase, indicando la costumbre como negativa

¿Qué puedo hacer para evitar que esto suceda?

  • La onicofagia se trata con terapia de conducta para promover un cambio de hábitos. Es importante saber que la onicofagia se puede frenar, sobre todo si empiezas a tomar medidas desde el primer momento en que observes que tu hijo tiene este mal hábito.
  • Lo más importante es que no le regañes, ni le castigues, ni mucho menos le hagas sentir vergüenza de su comportamiento. Lo que debes explicarle son las consecuencias de persistir en el gesto, sin alarmarle, pero sin esconder la realidad.
  • Por tal razón, no le reprendas. Mejor, muéstrate muy comprensiva e intenta averiguar el motivo por el que recurre a esta mala costumbre.
  • Ayúdalo a  llevar una vida tranquila y organizada y procura que duerma las horas suficientes para su edad (de 10 a 12 diarias).
  • Cuando le notes nervioso, dale algo que le mantenga las manos ocupadas, para evitar que sin darse cuenta se lleve los dedos a la boca.
  • Crea una rutina diaria, recreativa, mediantes actividades al aire libre. El ejercicio físico le ayudara a drenar todos esos sentimientos negativos que le están afectando.
  • Así mismo, analiza las situaciones en las que se muerde las uñas y cuando lo hace con mayor frecuencia. Saber qué tipo de situaciones, emociones o estados emocionales acompañan a esta conducta puede ser una valiosa información que nos permita ayudarles a desarrollar estrategias de afrontamiento más adaptativas.
  • Trata de crear un ambiente relajado en casa, que le ayude a calmarse.
  • De modo que le enseñen a hacer una conducta incompatible con el hábito de morderse las uñas. Por ejemplo comer un caramelo, usar las manos para algo, mantenerlo ocupado, entre otras.
  • Cuando semuerda las uñas delante de otras personas, en lugar de regañar, has una negociación con el al respecto, un reto, un gesto, entre otras, que lo haga captar que está teniendo el mal habito en ese momento. Así le ayudas a esforzarse y le demuestras tu complicidad.
  • Felicítale cuando consiga no morderse las uñas durante unos días, porque esto reforzará su autoestima. Suele dar buen resultado decirle que por cada una que no se muerda en una semana le comprarás un regalito. Con este sistema de premios le demuestras que valoras su gran esfuerzo y le incitas a seguir persiguiendo su meta.

            Y por sobre todas las cosas debemos evitar utilizar métodos erróneos que nos generen respuestas negativas en su contra, tales como:

  • Enfadarnos con él.
  • Amenazarlo
  • Avergonzarlo delante de sus amigos
  • Castigarlo o reprenderlo
  • Porque de esta manera solo conseguiremos reforzar el mal habito, lo cual repercutirá en su autoestima.

¿Si ya está sucediendo que tratamiento requiere?

  • Una vez identificados los momentos de estrés o ansiedad que llevan al niño a morderse las uñas, proporciónale otras opciones para que mantenga las manos ocupadas, como un trozo de plastilina, por ejemplo. El objetivo es que deje de utilizar el hábito de la onicofagia como respuesta a una determinada situación.
  • Intenta motivarle para que cambie ese hábito. Para ello pueden establecer un plan de premios que refuercen cuando no haga la conducta. Se trata de poner límites asequibles y poco a poco ir eliminando el hábito. Establezca un horario de actividades visibles donde el niño o niña puedan observar sus avances y retrocesos y con ello influenciar a un mejor habito y hacerlo constante.
  • Desarrolla técnicas de relajación que le ayuden a relajarse ante situaciones que puedan generar estrés.
  • Trata el problema con naturalidad y no generes tensiones. En su lugar explica la importancia de tener las uñas bien cuidadas y los posibles inconvenientes.
  • Para ayudar a que el niño se esfuerce en no continuar con este mal hábito, puedes colocarle tiritas de colores en los dedos. De esta forma, cuando vaya a llevarse el dedo a la boca, la tirita llamativa le llevará a hacer una pausa y podrá controlar su impulso.
  • Si lo ves necesario consulta con un especialista.

Recomendaciones

            Teniendo en cuenta que la onicofagia tiene un origen nervioso, no está de más que el niño practique más ejercicio físico para canalizar mejor su energía. En cualquier caso, si el problema persiste, puede esconder algún trastorno emocional que debe ser tratado por un especialista. Se ha creído en general que el comerse las uñas en niños puede ser indicador de un problema psicosomático, pero se ha observado que en la mayoría de los casos esta manía empieza con la costumbre de chupar los dedos más allá de los 3 – 5 años. Por tal razón debemos:

  • Explicar a los niños la importancia que tienen las uñas.
  • Insistir en la adopción de buenos hábitos y explicar al niño las consecuencias que puede tener la onicofagia.
  • Explicar al niño lo horrible y antiestético de tener unos dedos o dientes deformes, negociación sin castigos, criticas ni regaños, ya que pueden empeorar su conducta y hasta deteriorar la relación con sus padres.
  • En casos severos e incoercibles, se puede probar la aplicación sobre las uñas de alguna sustancia con sabor desagradable.
  • También se puede probar ponerle guantes como «barrera física» durante algún tiempo, en este caso los padres deben mantenerse firmes para que el niño no se los quite a menudo, excepto para lavarse las manos, bañarse y comer, con promesas repetidas de quitarle los guantes cuando deje de morderse las uñas. Este método se ha practicado con bastante éxito en niños de edades entre 3 y 6 años.
  • La psicoterapia y la colaboración del docente en el centro educativo son de vital importancia y decisivas para desacostumbrar a los niños de este hábito.
  • Lo más importante es nuestro comportamiento con nuestros hijos, de el dependerá sus futuras conductas. Volvemos a decir que, si algún miembro de la familia se come las uñas, no tengamos duda de que los hijos nos seguirán el paso para imitarnos en el mismo hábito.

            En conclusión, es importante siempre mantener una adecuada y asertiva comunicación con nuestros hijos, generándole mayor confianza y así propiciar una mejor calidad de vida en pro de su desarrollo evolutivo, evitando con ello desencadenar conductas negativas; recordemos que como padres, representantes y responsables, somos el patrón y modelo de conducta a seguir.

Contactos:

Lcda. Josheymar K. Salinas Gómez

Correo: joskatsalgom@gmail.com

Teléfono: 0414-3091050


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