El estrés es un estado de cansancio mental, un sentimiento de tensión que representa un factor de riesgo capaz de hacer que muchas cosas fallen en nuestro cuerpo. La mayoría de los adultos tienden a ver la vida de los niños como feliz, despreocupada y libre de responsabilidades, y esto los lleva a creer que los niños no podrían sufrir de estrés pues ellos no tienen que cargar con las responsabilidades que los adultos si, sin embargo, los niños también se estresan.

“¿Por qué los niños se estresarían?” Se preguntan los adultos, pero sí, ellos también sienten preocupaciones, también se sienten presionados, también se sienten abrumados y también tienen problemas que, aunque nosotros los adultos los veamos como problemas insignificantes para ellos si tienen mucha importancia y al no poder controlar ciertas situaciones las mismas pueden alterar su equilibrio emocional.

Habitualmente los motivos de estrés en los niños suelen estar relacionados con su entorno (ámbito familiar, ámbito escolar, amigos…), las responsabilidades académicas, las presiones impuestas, o el carecer de tiempo para jugar o relajarse debido al exceso de actividades en que participan.

Los problemas de los padres o el entorno familiar pueden ser fuentes de estrés para el niño, también el maltrato físico o abusos en el hogar, demasiada presión o exigencias impuestas de los padres al niño e incluso lo podría ser también el nacimiento de un nuevo miembro en la familia.

En el ámbito escolar una de las principales razones de estrés puede ser la presión o el nivel de exigencia que en ocasiones los niños se autoimponen referido al nivel académico, también la cantidad de deberes, el tener que exponerse a situaciones como hablar en público, el compararse a nivel académico con otros niños, ser molestado en clases, ser cambiado de colegio, o tener problemas para socializar con el resto de los niños.

Algunos niños también se pueden sentir muy atareados u ocupados por participar en muchas actividades y no tener tiempo para realizar otras actividades de ocio o simplemente descansar.

No hay signos determinados del estrés en los niños y pueden variar dependiendo de la situación y de cada niño, sin embargo algunos de los síntomas o indicadores de que un niño está sufriendo de estrés pueden ser los cambios de conducta o comportamientos, cambios de humor, dolencias o efectos físicos sin tener ninguna enfermedad que los ocasione, falta de concentración, bajo rendimiento académico, el alejamiento del niño con respecto a su entorno llegando a pasar más tiempo solo, también pueden presentar ansiedad, se preocupan demasiado, se les nota tristes o indiferentes.

En caso de sospechar que su niño está sufriendo de estrés debería poner más atención a su comportamiento e intentar hablar con el niño sobre la posible causa de su estrés, escucharlo e intentar comprenderlo, mejorar la comunicación con el niño y buscar una posible solución al causante del problema.

También es de gran importancia brindarle a su hijo tiempo de calidad, mostrar interés por el día de su hijo es un factor importante para mejorar la comunicación, y con ello que el niño sea capaz de expresarle sus problemas y juntos prevenir o tratar las posibles fuentes de estrés. Es necesario recordar que sentir cierta cantidad de estrés es normal y sería bueno hacerle saber al niño que está bien sentir tristeza, molestia, enojo, soledad, que todos compartimos estas emociones y es importante aprender a enfrentarlas e impulsar la inteligencia emocional en los niños.

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