Entrevistada Lcda. Rossana Alvarado

                Antes que nada, considero oportuno hablar un poco sobre la ansiedad como emoción, puesto que muchas veces tan solo nombrarla genera gran preocupación. La ansiedad es una emoción propia del ser humano, tal como lo es la alegría, la rabia, la ira, la sorpresa, o entre otras muchas más, y aunque  algunos la consideren como una emoción negativa, otros preferimos no discriminarla como tal, puesto que todas las emociones humanas son necesarias en la vida de las personas, ellas cumplen una función adaptativa, no podríamos vivir sin ellas, y es que realmente no vivimos jamás sin ellas, todos en algún momento de nuestra existencia las hemos experimentado

. Por eso es que es un error muy común, evitarlas o negarlas, decir “no debes sentir miedo”, o “no puedes ponerte bravo” o alarmarnos porque algunos de nuestros hijos en algún momento sientan “Ansiedad”. Siempre para explicar la importancia de las emociones en general, pongo el ejemplo a mis niños en consulta de” imagina que viene un tigre y no sentimos miedo, ¿qué pasaría?, ¿qué haríamos si no sentimos eso que nos impulse a correr a huir a escondernos? Lo más probable es que terminemos en la boca del tigre y nos devoraría sin chistar.

Tal panorama les hace reír muchísimo, pero se dan cuenta de la importancia de esta y todas las demás emociones. Entonces No es malo sentir miedo, siempre y cuando la amenaza sea real y cumpla su función adaptativa. Igual pasa con la ansiedad, la ansiedad es tan natural en el ser humano como la necesidad de comer o respirar, sin embargo, es mucho más difícil de identificarla que el miedo puesto que aparece como una sensación de aprensión, intranquilidad y no somos conscientes de donde proviene, se presentan perturbaciones fisiológicas, irregularidades cardiacas, dificultades respiratorias, temblores, nauseas, entre otros. Y se preguntaran que función adaptativa puede cumplir semejante emoción con tales sensaciones pues, aunque parezca mentira, la ansiedad es un Sistema de alerta y activación ante situaciones consideradas amenazantes, y bajo las condiciones normales, mejora el rendimiento y la adaptación al medio social.

Tiene la importante función de movilizarnos frente a circunstancias amenazantes o preocupantes, de forma que hagamos lo necesario para evitar el riesgo, neutralizarlo, asumirlo o afrontarlo adecuadamente. Por ejemplo nos ayuda a estudiar si estamos frente a un examen, o al niño a alejarse del peligro, o ansiedad ante los extraños.

Que conductas se pueden observar en un niño con ansiedad:

La ansiedad en niños en muy común, y es que es una etapa evolutiva donde se vivencian constantes cambios biológicos, sociales, entre otros.  Dentro de los síntomas que pueden presentar los niños con ansiedad témenos:

  • Inquietud motriz
  • Llanto inmotivado
  • Perdida del apetito
  • Cefaleas o dolores de cabeza
  • Manos humedas y frias
  • Palpitaciones,
  • Imnsomnio
  • Sensacion generalizada de tension
  • Dolores de estomago
  • Entre otros.

Sin embargo, cuando la ansiedad sobrepasa determinados límites, se convierte en un problema de salud, impide el bienestar e interfiere notablemente en las actividades sociales, laborales o intelectuales. En tales casos no estamos hablando de un simple problema de “nervios” sino ante una alteración.

Existen varios tipos de trastornos por ansiedad en niños, cada uno con sus características propias. Entre ellos:

  • Trastorno de Ansiedad por Separación: un niño que se inquieta demasiado ante la separación rutinaria de sus padres o de un cuidador. Se manifiesta con llanto excesivo, necesidad de aferrarse a alguien, sentimiento de pánico ante la separación, son algunos indicadores muy comunes.
  • Fobia Social: el niño(a) puede presentar dificultades para hablar en voz alta en clase, unirse a una conversación o para hacer amigos y hablar con ellos, incluso hacerse valer y participar en las actividades de educación física, música. Estos niños suelen inquietarse demasiado por lo que piensan los demás, manifiestan mucha ansiedad y evitan cualquier situación por miedo a hacer el ridículo o ser criticados.
  • Trastorno de ansiedad generalizada (TAG): los niños con este trastorno se preocupan por todo tipo de cosas, desde el rendimiento escolar y la salud hasta cuestiones familiares y lo que sucede en el mundo. No es una preocupación típica y simple, sino más bien que no pueden dejar de inquietarse, aunque se les converse y se les dé consejo. Tienden a demás a presentar síntomas como irritabilidad, alteraciones del sueño, molestias y dolores musculares causados por la preocupación recurrente.

¿Qué podemos hacer si notamos ansiedad no funcional en un niño?

Tanto padres, docentes y cuidadores debemos estar muy al tanto de estos síntomas en nuestros niños, si notamos que la ansiedad que está presentando el niño(a) interfiere en su día a día,  afectando sus relaciones interpersonales, sociales, educativas o incluso generándose a sí mismo un malestar. Debemos acudir a un especialista, para comprender que está pasando y dotarnos de herramientas. La ansiedad es un poco difícil de comprender incluso para los adultos puesto que ni la persona que la padece logra identificar con claridad de donde proviene.

Para los niños es mucho más complejo puesto que sus escasas habilidades lingüísticas les impide poder expresar lo que sienten. Algunas veces la ansiedad aparece por una situación específica (una vivencia difícil para el niño o niña), y cuesta que desaparezca fácilmente, sino más bien que se va agudizando.  

Cuando el niño(a) ansioso no se siente comprendido sino más bien atacado por padres y/o cuidadores, con regaños como “deja de llorar”, “que demonios te pasa”, “estas insoportable”, gritos, amenazas o inclusos maltratos físicos, la ansiedad lejos de desaparecer, se incrementa. Por otra parte también es un error muy común caer en la sobreprotección, reforzando en el niño las conductas ansiosas.

Es por eso que lo más recomendable es asesorarse con un especialista. Al notar cualquier tipo de conductas no comunes en el niño y que afectan su desarrollo, siempre es importante  acudir a su médico pediatra, mantenerlo al tanto y realizar un chequeo médico para descartar alguna afección biológica que pueda estar causando los síntomas, así mismo investigar todo lo que se pueda referente a la vida social del niño mediante conversaciones entre padres, docentes y cuidadores.

Por otra parte, nadie nos puede asesorar mejor que un psicólogo infantil,  ya que no solo tiene la preparación para realizar un buen diagnóstico sino que nos brindará todas las recomendaciones ajustadas al caso específico para abordarlo de la mejor manera.

Contactos:

Lcda Rossana Alvarado

correo: psic.alvarado@gmail.com

Telefono: +34604363738

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