El maltrato infantil es un conflicto universal que ha existido a lo largo de la historia de la humanidad hasta la actualidad, siendo en el siglo XX cuando se le comenzó a considerar como delito.

Se trata de un problema grave capaz de dejar repercusiones psicológicas, emocionales, sociales, éticas, legales y médicas, que, además, pueden durar toda la vida.

Aunque el maltrato infantil no tiene una definición única debido a la dificultad para definirla porque implica de una valoración social entre lo que es maltrato y lo que no, las definiciones más aceptadas son los abusos, actos y carencias que afectan o puedan afectar a los menores de 18 años de edad, ejecutados por personas adultas con relaciones cercanas a los menores.

Se da en muchas formas que por lo general suelen presentarse al mismo tiempo, éstas incluyen agresiones verbales, violencia física, abusos psicológicos, abusos sexuales, abandono o desatenciones, que son capaces de poner en riesgo el desarrollo físico, emocional y psicológico del menor de edad.

Es esencial comprender las diferentes formas en las que se puede dar el maltrato infantil para ser capaces de detectarlo, y estar atento a los posibles síntomas (los cuales dependen del tipo de maltrato y pueden variar), entre estos síntomas hayamos:

-Señales de abuso físico, como lesiones inexplicables, moretones dispersos en diferentes partes del cuerpo, fracturas y dislocaciones, quemaduras, heridas y raspaduras.

-Señales de maltrato emocional, como aislamiento social, apartamiento de actividades de rutina, autoestima baja, cambios en su comportamiento habitual, cambios en el rendimiento escolar, búsqueda desesperada de afecto, falta de confianza en sí mismo, miedos inusuales, daño autoinfligido, depresión y ansiedad.

-Señales de negligencia o falta de atención, como crecimiento deficiente, higiene deficiente, aumento de peso o sobrepeso, falta de suministros para satisfacer sus necesidades físicas.

Este problema puede tener consecuencias devastadoras, no solo en la infancia si no en su vida futura como adulto, siendo el daño emocional el efecto más dañino y de largo plazo para el menor.

Los adultos que han sufrido maltrato durante la infancia tienden a tener sentimientos reprimidos, baja autoestima, problemas de conducta, dificultad para relacionarse, posibilidad de tener adicción a sustancias como alcohol, tabaco o drogas, sufrir de depresión, entre otros.

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